Capítulo 4: Cuidar al periodista también es cuidar a la comunidad

Por: Claudia Yaujar-Amaro

Planeta Venus nació porque hacía falta explicar lo que otros no explicaban y traducir no solo el idioma, sino también la realidad. Somos un medio de periodismo comunitario bilingüe en Kansas, creado para acompañar a la comunidad latina frente a decisiones, políticas y noticias que afectan su vida diaria. Aquí, el periodismo se hace desde la experiencia, la escucha y la responsabilidad de ser una fuente confiable cuando la información genera miedo, confusión o incertidumbre. En Planeta Venus no solo publicamos noticias; también verificamos rumores, calmamos alarmas, explicamos procesos complejos y sostenemos conversaciones que a veces no terminan en un artículo, pero sí en algo igual de valioso: confianza, claridad y comunidad.

En Planeta Venus entendimos pronto que hacer periodismo comunitario no es solo contar historias, sino también llevarlas con nosotros. Cada nota, cada verificación y cada mensaje que recibimos en nuestras redes trae la vida real de personas que confían en nosotros porque no tienen a quién más acudir en su idioma y en su contexto.

Desde el principio, nuestro trabajo ha sido muy humano. Informar a comunidades inmigrantes significa leer y verificar noticias que no son abstractas, sino que afectan a nuestras propias familias, amistades y vecindarios. Políticas migratorias, acceso a la salud, educación, trabajo y derechos básicos no son solo temas; son vidas.

El desgaste emocional en el periodismo inmigrante es único. Cubrimos historias que nos afectan personalmente. Recibimos mensajes urgentes de personas que buscan ayuda, orientación o solo ser escuchadas. Sentimos la presión constante de no equivocarnos, porque un dato incorrecto o una noticia sin contexto puede tener consecuencias graves para otros.

Un ejemplo claro de este desgaste ocurre cuando circula desinformación en redes sociales sobre supuestas redadas migratorias en la zona. Mensajes sin fuente, audios reenviados y publicaciones alarmistas se propagan rápido y generan miedo real en la comunidad. En esos momentos, la audiencia acude a Planeta Venus como fuente confiable y nuestros buzones se llenan. A veces hemos pasado hasta dos días verificando esa información, con ayuda de aliados comunitarios que incluso van a los lugares señalados para confirmar si hay operativos. Este trabajo muchas veces no se ve: no siempre termina en un artículo, pero implica una gran carga emocional, sobre todo para un equipo formado en su mayoría por mujeres migrantes. Aun así, corroborar información, frenar el pánico y devolver calma a la comunidad es una labor silenciosa, intensa y valiosa, aunque pocas veces se reconozca como parte esencial del periodismo.

El 2025 fue un año especialmente difícil para Planeta Venus. No hace falta dar cifras exactas para explicarlo: enfrentamos cambios constantes en políticas migratorias, un aumento preocupante de desinformación en español y más trabajo de periodismo de servicio. Además, hubo una presión constante por la inmediatez, con equipos pequeños y recursos limitados. Informar rápido, explicar bien, verificar todo y acompañar a la audiencia, muchas veces al mismo tiempo.

Hay cosas que casi no se mencionan en las redacciones pequeñas. No existen departamentos de bienestar. Las pausas se sienten como culpa. El cansancio se vuelve normal. El compromiso con la comunidad a veces se confunde con sacrificio personal. Se espera que sigamos siempre porque “la comunidad nos necesita”. Y es verdad. Pero también nos necesita bien.

Aquí quiero ser clara: no podemos idealizar el agotamiento. No debemos ver el sufrimiento como una credencial periodística. No podemos pedir resiliencia infinita a quienes informan desde comunidades vulnerables. Reconocer el cansancio no nos hace menos comprometidos, nos hace honestos.

En Planeta Venus no solo reflexionamos, también proponemos.

A nivel individual, necesitamos prácticas reales, no solo discursos vacíos sobre “self-care”. Pausas editoriales conscientes, rotación o colaboración en coberturas emocionalmente difíciles, y decir “no” a la inmediatez cuando sea necesario para hacer bien el trabajo. Hay que reconocer las señales de desgaste emocional antes de que se vuelvan normales.

A nivel de medio comunitario, es urgente hablar abiertamente sobre salud mental en las redacciones. Hay que normalizar los descansos sin culpa, crear calendarios editoriales más humanos y entender que el bienestar del equipo no es un lujo, sino parte central de la sostenibilidad del medio.

A nivel del ecosistema periodístico, también hay responsabilidades. Los financiadores y fundaciones deben reconocer el costo emocional del periodismo inmigrante, incluir el bienestar en becas, subvenciones y programas de apoyo, y dejar de medir el impacto solo por la producción y la velocidad. Es importante empezar a valorar la profundidad, el cuidado y la continuidad.

En Planeta Venus hemos dado pasos pequeños pero importantes: aprendimos a pedir apoyo, a colaborar, a pausar cuando el cuerpo y la mente lo necesitan, y a hablar entre nosotros sobre lo que nos pesa. Eso no nos ha alejado de la comunidad; nos ha permitido seguir aquí, con claridad, ética y humanidad.

Cuidar al periodista es también cuidar a la comunidad. Un periodismo que se apoya en el cuidado puede acompañar, explicar y servir por muchos años más


Claudia es propietaria de AB&C Bilingual Resources, LLC, una empresa enfocada en marketing multicultural y bilingüe. Fundó Planeta Venus Online, una estación de radio por internet en español para informar a la comunidad latina sobre actividades locales.

Claudia ama su comunidad de Wichita; haber nacido en México pero haber crecido en Estados Unidos la hace sentir orgullosa de ambas culturas en su corazón. Se siente cómoda interactuando y transitando de una cultura a otra, y siente la responsabilidad de ser el puente entre las dos culturas que ama, integrando también otras culturas para crear una comunidad saludable para todos.

Previous
Previous

Capítulo 3: Somos infraestructura esencial; nos tratan como experimento

Next
Next

Capítulo 5: El problema que nadie está nombrando