Capítulo 5: El problema que nadie está nombrando
Por Andrew Rodríguez Calderón
En octubre de 2025, NBC News eliminó los equipos dedicados a cubrir temas que afectan a comunidades afroamericanas, asiático-americanas, latinas y LGBTQ+ como parte de una reducción de aproximadamente 150 empleados. Los verticales NBC BLK, NBC Asian America, NBC Latino y NBC OUT quedaron sin equipos dedicados que respaldaran su cobertura. Esta noticia es apenas una de una serie de despidos que golpearon de manera desproporcionada a periodistas de color en medios estadounidenses a lo largo de 2025.
En CBS Evening News Plus, cuatro de nueve productores fueron despedidos, todos ellos personas de color. Trey Sherman, un productor asociado afroamericano, compartió en TikTok que cada persona que se queda y será reubicada dentro de la compañía es blanca. Estas reducciones ocurren mientras la administración Trump ha presionado agresivamente para desmantelar programas de diversidad, equidad e inclusión (DEI) en el gobierno y el sector privado.
Para los medios latinos, esta crisis tiene capas adicionales. Según el informe Hispanic Media Today del Democracy Fund de 2019, el 42% de periodistas latinos reportaron recortes de personal o reducción de horas de trabajo, y más del 75% dijeron que se les pidió hacer más con menos recursos. El 40% expresó preocupación por la seguridad laboral. Y esto fue antes de la pandemia, antes de los despidos masivos de 2024-2025, antes de que el congelamiento de ayuda exterior de la administración Trump dejara a cientos de organizaciones de medios en caos, incluyendo más de $268 millones asignados por el Congreso para apoyar medios independientes y el libre flujo de información.
No estamos hablando solo de precariedad económica. Estamos hablando de precariedad cognitiva: la carga mental de trabajar sin certeza, de planificar proyectos sin saber si habrá fondos para terminarlos. Hablamos de precariedad emocional: el desgaste de ver a colegas despedidos, de recibir mensajes de otros periodistas latinos en organizaciones similares que cuentan historias casi idénticas. Y hablamos también de precariedad estructural: la ausencia de sistemas formales de apoyo que deberían existir en cualquier industria funcional.
Cuando el sistema falla, la red sostiene
En agosto de 2023, Futuro Media, la organización sin fines de lucro que produce el programa de radio Latino USA y otros contenidos enfocados en comunidades latinas, anunció despidos después de meses de incertidumbre económica. La noticia resonó en toda la comunidad de periodistas latinos. Diane Sylvester añadió: “Esto es desgarrador. Hay periodistas increíbles en Futuro que cuentan historias que pocos otros cuentan con una profundidad y rigor profundos”. Fernanda Santos, la directora editorial, anunció que renunciaba en parte para proteger a sus colegas de más despidos.
Estos mensajes son más que condolencias y sacrificios. Son ejemplos de lo que sostiene a los medios latinos cuando los sistemas formales colapsan: la red y el cuidado. Y no hablo de networking profesional superficial. Hablo de infraestructura relacional que suple funciones básicas que deberían ser responsabilidad institucional.
Consideremos algunos ejemplos concretos de cómo esta infraestructura opera:
Servicios compartidos: Indiegraf, una organización que apoya periodismo independiente, lanzó en 2023 sus primeros dos socios de red en español: La Esquina TX y Conecta Arizona. Como explica Maritza L. Félix de Conecta Arizona: “En Arizona solo tenemos dos estaciones de televisión en español, Univision y Telemundo, pero muy pocos medios locales que cubran lo que está pasando en nuestras ciudades, en nuestros vecindarios, y que se vean y hablen como nosotros”. Indiegraf ofrece servicios de tecnología, audiencia y publicidad a estos medios, permitiéndoles compartir infraestructura técnica que ninguno podría costear individualmente.
Hubs de recursos y ejemplos: En 2023, Factchequeado lanzó una guía bilingüe para periodistas que cubren comunidades latinas y de habla hispana en Estados Unidos. La guía, desarrollada tras un estudio con más de 60 medios e instituciones que sirven a comunidades latinas, incluye tutoriales paso a paso de 17 herramientas en línea para combatir la desinformación, con ejemplos aplicables al trabajo periodístico diario. Este tipo de recurso transfiere conocimiento técnico, válida prácticas y crea un lenguaje común.
Espacios de aprendizaje colectivo: El programa de Periodismo Bilingüe de CUNY Craig Newmark Graduate School of Journalism, lanzado en 2016 como la primera concentración de maestría en periodismo bilingüe en Estados Unidos, funciona como más que un programa académico. Como explica su directora Carmen Graciela Díaz, el programa promueve “un mejor entendimiento de la diversidad de esta comunidad al profundizar en la experiencia latina de los vecindarios de la ciudad de Nueva York”; y opera con “un compromiso profundo con el periodismo que muestra cómo la comunidad latina no es un monolito sino un rico tapiz de historias, voces y particularidades”.
Check-ins y validación entre pares: Cuando Trey Sherman compartió su experiencia de despido en CBS, comenzó a recibir mensajes de periodistas en otras organizaciones con experiencias similares. Sherman notó que muchas de las decisiones coincidieron con cambios de liderazgo y reestructuración corporativa. Este intercambio informal de información ayuda a los periodistas a entender que sus experiencias no son aisladas, que los patrones que perciben son reales.
Espacios no productivos: La National Association of Hispanic Journalists (NAHJ) ofrece entrenamientos, talleres y oportunidades de networking, pero también funciona como espacio de advocacy, “promoviendo el trato justo de periodistas hispanos”. Estos espacios reconocen que el bienestar de los periodistas latinos no se reduce a desarrollo profesional sino que incluye la defensa de sus derechos y dignidad.
Los límites de lo que las redes pueden hacer
Estas prácticas son impresionantes. Son necesarias. Pero es crucial reconocer sus límites.
Primero, están construidas sobre trabajo no compensado o mal compensado. Cuando Futuro Media anunció despidos, personas como Diane Sylvester pidieron a otros que “mantengan los ojos abiertos” para oportunidades laborales para los periodistas afectados. Este trabajo emocional de conectar personas, de amplificar búsquedas de empleo, de ofrecer apoyo moral, no aparece en ninguna descripción de trabajo. Es invisible, no remunerado y recae desproporcionadamente sobre quienes ya están sobrecargados.
Segundo, estas redes no pueden resolver problemas estructurales. Pueden compartir recursos técnicos, pero no pueden crear estabilidad financiera. Pueden validar experiencias de discriminación, pero no pueden obligar a las empresas a cambiar sus prácticas de contratación o despido. Pueden ofrecer entrenamientos, pero no pueden reemplazar la pérdida de equipos dedicados a cobertura de comunidades marginadas.
Tercero, el cuidado mutuo puede convertirse en otra forma de extracción si no se maneja con intencionalidad. Cuando periodistas despedidos se convierten en recursos para entrenar a otros, cuando se espera que compartan contactos y oportunidades sin recibir nada a cambio, cuando su expertise se vuelve disponible gratuitamente porque “todos estamos en esto juntos”, la red puede reproducir las mismas dinámicas de explotación que busca resistir.
Hacia un reconocimiento real
Lo que los medios latinos han construido no es informalidad. Es infraestructura sin presupuesto. La cercanía no es debilidad; es resiliencia adaptativa en ausencia de apoyo institucional. El burnout no es un problema individual; es sistémico, producto de exigir que las personas sostengan sistemas enteros con sus cuerpos y tiempo no compensado.
Si el ecosistema de medios realmente quiere apoyar el periodismo latino, debe comenzar por reconocer estas redes de cuidado que ya existen. No necesitan ser creadas desde cero por fundaciones benevolentes. Necesitan ser financiadas, sostenidas y amplificadas.
Esto significa:
Financiar el mantenimiento, no solo la innovación. Los fondos tienden a ir hacia proyectos nuevos y brillantes, pero ¿qué hay de sostener lo que ya funciona? Indiegraf, Factchequeado, NAHJ, el programa de CUNY: estas iniciativas necesitan financiamiento predecible a largo plazo, no solo grants de un año.
Reconocer el trabajo de cuidado como trabajo real. Si un periodista dedica 10 horas a la semana apoyando a colegas despedidos, conectando personas, compartiendo recursos, eso debería ser compensado como consultoría o trabajo de advocacy. Si una organización depende de voluntarios para funciones esenciales, no es un modelo sostenible.
Crear estructuras que permitan decir que no. La expectativa de disponibilidad constante es insostenible. Las redes de cuidado efectivas incluyen límites claros sobre quién hace qué, cuándo, y por cuánto tiempo.
Dirigir fondos directamente a medios latinos independientes. Como señaló el informe del Democracy Fund, “los financiadores también deberían comprometerse con iniciativas para ayudar a la próxima generación de estudiantes de periodismo bilingüe y bicultural cuando ingresan al mercado laboral”. Pero más allá de becas estudiantiles, se necesitan fondos operativos para medios existentes.
Resistir activamente el desmantelamiento de equipos dedicados a cobertura de comunidades marginadas. Cuando NBC eliminó sus equipos de diversidad, cuando CBS cerró su Unidad de Raza y Cultura, esas decisiones no fueron inevitables. Fueron elecciones que reflejan prioridades. Los financiadores y anunciantes tienen poder para presionar por diferentes elecciones.
El periodismo latino en Estados Unidos no está muriendo. Está sostenido por redes de cuidado que hacen el trabajo que las instituciones se niegan a hacer. La pregunta no es si estas redes pueden sobrevivir. Es cuánto tiempo más podemos pedirles que sostengan sistemas enteros sin el reconocimiento y los recursos que merecen.
Andrew es un estadounidense de primera generación con raíces colombianas. Es el líder de Producto y Tecnología en Journalism + Design Lab, donde dirige la gestión de producto, el diseño y el desarrollo de software. El laboratorio es una organización sin fines de lucro que apoya a entidades cívicas en la creación de programas de medios comunitarios que permiten a las personas producir, compartir y acceder a noticias e información local confiable como una forma de empoderamiento cívico. También es docente y consejero estratégico en la facultad de periodismo en Craig Newmark Graduate School of Journalism at the City University of New York
Anteriormente, trabajó como periodista computacional y líder de proyectos de datos ganador del Premio Pulitzer en The Marshall Project, una sala de redacción sin fines de lucro que cubre temas de justicia penal en Estados Unidos. Sus historias y productos periodísticos han sido publicados en medios nacionales y locales como The New York Times, Politico, Mother Jones, Signal Cleveland, entre otros. Es egresado de la Universidad de Columbia, con un título en periodismo de datos.

